Cuando éramos niños, nuestros mayores nos decían que jugar con fuego era peligroso. Nos fuimos dando cuenta, de a poco, lo sabio de la advertencia. La insólita propuesta del pastor evangélico (¿cristiano?) Terry Jones de conmemorar el 11 de septiembre con fuego y brasas del Corán tiene connotaciones peligrosas. Más allá de que resulte el ejercicio de la libertad de expresión al que tienen derecho los estadounidenses.
Si no fuera que es casi imposible que el "pastor del fuego" sea un quintacolumnista del terrorismo vestido de islamismo, una medida extrema del Gobierno tendría plenos justificativos. El acto de la quema es una concreta incitación a la violencia. No es libertad de expresión. Es criminal.
Que la actuación del Presidente no llegue "pos mortem". Debe, imperativamente, correr el riesgo de que le califiquen como atentando contra la libre expresión (de lo que podrá defenderse en cualquier tribunal) que tener que responder por las nuevas víctimas de la violencia que originará la quema por ahora suspendida. Presidente Obama, está a tiempo. Es su exclusivo turno. Juéguese por la vida, por la paz. El mundo lo apoyará, sin dudarlo.